Lo que el ojo no ve el cerebro se lo inventa.
Cuando nos acostamos y cerramos los ojos, cuando estamos enfermos y dejamos errar nuestros ojos por las cortinas o la tapicería; surgen arabescos, y sobretodo caras. Volvemos a dar un valor representativo a esas formas que surgen para acabar desapareciendo. Incluso empiezan como un animal, y al mover los ojos de forma aleatoria, las mismas manchas se convierten en una cara, un paisaje. El saber se ha incorporado a los movimientos y los dirige: Ahora sé como tengo que actuar y puedo una y otra vez reencontrar esas imágenes en un juego continuo.
Y por último os quisiera comentar el juego mental de la dislexia.
Todo empieza en nuestro cerebro, yo soy disléxica y mi hija también. Nos encontramos plácidamente un día cualquiera en la cama jugando a tu que “lees”.
Sabido es que los disléxicos tenemos la capacidad de ver en el espacio posibilidades intencionadas que para otras personas sería una locura. Si queremos jugar a leer palabras en los cambios minuto a minuto del reloj digital es así de sencillo: Observamos con atención el cambio de los símbolos para nosotras abstractos de por si -quien dice que un cinco tenga que ser un señor con barriga hacia la derecha, ¿porque no al contrario? o el dos ser un patito-. Nuestra imaginación y nuestros dos hemisferios juegan a verlos incluso como letras.
Por ejemplo, un once puede ser una “elle”, un cuatro una A…
Cambiando el sentido oficial de la consecuencia de varios números concretos en palabras.
Casi siempre y al azar en un primer movimiento de ojos descubrimos palabras y nos maravillamos de que sean la misma.
De la misma forma los disléxicos podemos leer sin ninguna dificultad palabras e incluso textos enteros aunque estos estén distorsionados o se haya atentado a la gramática substituyendo números por “l3tr4s”, girando u omitiendo algunas letras.
Por último debes concentrarte e intentar leer los colores que ves, no las palabras. ¿Qué tal te sale?




