Introducción al taller de movimiento y trazo.
La naturaleza representa el paradigma del pensamiento taoísta. Fuente y nutriente de vida, en ella se condensan los misterios que armonizan el orden y el caos del universo.
El espacio ilimitado del cielo junto a la extensión delimitada de la tierra conforman ese universo magnificente y virtuoso, creado de manera natural sin artificios, que busca su equilibrio a través de una constante transformación cíclica.
Según el pensamiento taoísta, la presencia del ser humano entre el cielo y la tierra debe su existencia a la condensación de las energías sutiles presentes en los cinco elementos, que, junto a las fuerzas omnipresentes del cosmos, se manifiestan en el cuerpo físico del ser como reflejo de la propia naturaleza que le da la vida y lo sustenta.
Auto suficiente y dinámica, la naturaleza se exterioriza con sus propias leyes independientes de la voluntad humana, desvelando en ellas el movimiento interno que lleva de la transformación a la creación. Como única artífice de la vida y de la muerte, sus ciclos claramente definidos influyen sobre todo aquello que la conforma, a fin de autorregularse para mantener el orden natural de una estructura primordial que se sostiene entre el espíritu y la materia.
Como parte integral de la naturaleza, el ser humano se encuentra excepcionalmente dotado de conciencia y voluntad, además de poseer la capacidad de transformar y crear a partir de sus deseos y necesidades. Esta capacidad humana conlleva un elevado nivel de responsabilidad para con el orden y la armonía natural, por lo que cualquier disgregación entre el ser humano y la naturaleza podría llevar al desequilibrio y ruptura de las leyes del propio universo.
En orden de evitar posibles acciones que pongan en riesgo la armonía natural del cosmos, según la filosofía taoísta, el ser humano ha de asumir la naturaleza como su modelo a seguir, para lo cual ha de esclarecer su entendimiento, desarrollar su intuición y elevar su conciencia, a fin de ampliar su receptividad para aprender a existir como parte integral activa de un conocimiento ancestral, cuyo origen se funde en el misterio de su propia vida y presencia.
El pensamiento filosófico taoísta, distante del pensamiento occidental, no pretende dar respuestas racionales a los fenómenos o enigmas de la naturaleza, para el taoísmo lo primordial es la Integración entre la naturaleza y el ser humano, como única posibilidad de mantenernos en armonía con el universo. Esta postura integrativa propone la observación sensible e intuitiva de todo nuestro entorno y de las influencias que este ejerce sobre nosotros, a partir de ello hemos de aprender a través de esa experiencia lo que la naturaleza nos enseña como maestra.
Al iniciar el aprendizaje del método en el arte del pincel y de la tinta, se comienza a sentir la necesidad de observar la naturaleza de manera diferente. Ver, mirar, no es suficiente, porque nos coloca en una posición externa como simples observadores de la superficie. Se hace necesaria la contemplación para darnos cuenta del lugar al cual pertenecemos y del cual formamos parte activa.
Al contemplar, las imágenes captadas en las pupilas no son procesadas por el razonamiento, quedando libres de cualquier análisis racional que impida encontrar un único eco en el corazón. Podríamos entenderlo como un aparente perderse para encontrarse consigo mismo en el reflejo de la naturaleza. Solo a través de la contemplación podemos llegar a,ser conscientes de la esencia que se nos revela más allá de la mera forma exterior.
La contemplación implica un estado íntimo de serenidad, durante el cual la actividad mental disminuye para dejar una mayor dimensión a los sentidos y rescatarnos del pensamiento superfluo, de la actitud analítica, de la mirada insustancial… En la contemplación, la naturaleza se manifiesta intuitivamente a través de la mirada interior y se abre paso a la percepción. La realidad se nos revela como parte de nuestro propio ser, una revelación que nos llevará a comprender que, al igual que cualquier otra manifestación del universo, los seres humanos somos naturaleza, tanto en su diversidad como en su integridad. Y que podemos integrar cuerpo y mente para favorecer nuestro equilibrio y sostenibilidad y así CRECER.






