Academia Acai Sabadell


EL VACÍO, ÉSE ESPACIO INAGOTABLE.

Al igual que el silencio alberga todas las voces del tiempo, el vacío guarda la energía de todas las formas. Encontrar el camino del origen es habitar el vacío, espacio de quietud en el cual descansa la mente y se expresa la esencia absoluta.  

Desde la visión oriental, intentar definir el vacío como si se tratara de un concepto puramente racional es igual que pretender encerrar el aire entre las manos, porque antes de mencionar o escribir la palabra ya existía el vacío. Mientras que, para la cultura occidental, la expresión de vacío se equipara a la nada, un simple adverbio de cantidad que cumple la función de expresar la ausencia de algo, lo cual en términos generales lleva una connotación implícita de carencia que puede abarcar diversos ámbitos, desde lo físico-material hasta lo social, psicológico y emocional.

                                                                                                   Rambla de Barcelona, 2020.

Reflexionar sobre esta percepción nihilista de Occidente, según la cual el vacío representa la carencia, puede ayudarnos a palpar el sentido oriental de vacío como ese espacio potencial de la existencia donde acontece la relevancia de lo necesario junto a la consciencia primigenia.  

                                                                           Álvaro Siza: Pabellon de arte en Saya Park

En nuestra sociedad occidental, la experiencia del vacío se relaciona con sentimientos de pérdida, desolación, aislamiento, penuria, discriminación…, que tienen su origen en el excesivo mérito que se otorga al materialismo, al individualismo, a la productividad y a la competitividad, valores que son considerados imprescindibles para disfrutar de una vida plena, como máximo objetivo de nuestra existencia en este mundo. La búsqueda de esa plenitud lleva al rechazo de cualquier tipo de vacío, cegándonos hasta el extremo de encontrarnos incapaces de reflexionar en que es precisamente en el vacío donde podemos alcanzar la plenitud. Solo las iglesias y pabellones son  meritorias de alguna plenitud de vacio que las hace espiruales y trascendentales; en canvio una nave vacia un espacio exaurido con restos del naufragio, (maquinas, botones,  cajones vacios desordenados) carece de glamour y evoca soledad y muerte del gremio.

                                                                                            Álvaro Siza: Pabellon de arte en Saya Park

Esa misma dimensión subjetiva de la soledad (sentirse vacio) como la exclusión de la relaciones sociales (aislamiento social) son circunstancias que afectan a numerosas personas adultas y, especialmente, a los mujeres mayores de 70 años. Prevenir e intervenir es clave para reducir su presencia y evitar las consecuencias negativas, que van más allá del ámbito psicológico teniendo también implicaciones sociales y de salud pública.  La depresión en tiempos de pandemia o sin ella es una lacra que debemos evitar con apoyo y comprensión.

 La cara más visible de la soledad es sentir que no se cuenta con personas a las que poder recurrir o confiar en caso de necesidad

El aislamiento de la red de amistad es mayor que en el caso de la red familiar. En otras palabras, la familia está más presente que las amistades y puede proteger más del riesgo de aislamiento social a lo largo de la vida.

Ese vacio vital , esos sentimientos de soledad como el riesgo de aislamiento social crecen con la edad y son más frecuentes  personas con menor nivel de estudios por lo que es preciso que la sociedad esté atenta a sus necesidades psicologicas, mentales y de ocio colectivo. Sólo ai el “vacio” se llena de experiencias y emociones.

 

A la contra, llegar a concebir el vacío como ese espacio donde reside el potencial y el verdadero acontecer de la existencia es adentrarnos en los senderos del taoísmo, es tener la disposición de percibir los momentos de vacío existencial como esos parajes naturales de la vida que lejos de producir incertidumbre, desasosiego o vértigo, nos brindan la oportunidad de experimentar instantes de una plenitud extraordinaria, de una claridad que, acompañada con el silencio absoluto, nos conduce al encuentro del origen y fuente de nuestras propias capacidades humanas. Por ello el arte puede ejercer una terapia de liberación y plenitud existencial.

En el arte, el vacío representa el espacio inagotable de la creación, el lugar donde existen todas las formas posibles, donde surge y se templa la energía de los opuestos. Al igual que la expresión de la vida, fuerza y delicadeza, intensidad y sutileza, luz y sombra…, han de encontrar su equilibrio en el vacío para dar forma a la esencia de lo inmaterial y desvelar en una misma realidad el ser interior de quien guía el pincel para expresarse en la tinta.  

En la práctica de la pintura, al igual que en la caligrafía, es fundamental tener conciencia del vacío como un principio de naturaleza dinámica-temporal en el cual se suceden las transformaciones de yin y yang. Desde el momento en que lo lleno (la tinta) entra en el vacío (el papel), se inicia ese diálogo alterno que a través de un movimiento espontáneo va siguiendo el impulso energético que lleva en sí mismo la esencia del artista.

Una vez que el diálogo entre el vacío y la plenitud encuentra su equilibrio en la superficie del papel, el Qi («aliento») se hará perceptible en esa expresión vital que invita a viajar a través de la simple contemplación.  

Como una chispa, la existencia se muestra en el vacío que sostiene los trazos que la habitan, dejando a un lado la necesidad de un análisis conceptual o estético de la creación. La naturalidad del espíritu explícito se asoma en la grandeza de la sencillez, los límites desaparecen para abrir paso a la percepción y a la resonancia en ese tejido imperceptible que nos une al universo.  

En el capítulo XI del Tao Te Ching se describe con ejemplos sencillos la importancia y la utilidad del vacío tal como lo propone la filosofía taoísta; los objetos dan la forma real y delimitada a la existencia, pero su razón de ser, su utilidad y su valía radican en lo inmaterial, en lo que no tiene forma ni límites precisos, en la no existencia: el vacío.

                                                                                                            Diseño, en Ipad. Incrusión en el vacio.


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