A finales del 2014, y visto en perspectiva , la obsesión academicista del S. XIX por la técnica provocó una viva reacción a principios del siglo XX. Aprender y enseñar a pintar a estudiantes, acuarela se consideraba poco menos que inmoral, como si la ciencia fuera infusa, y uno naciera sabiendo. Alegaban que destruía la libre expresión y la creatividad.
Está claro que ni el dominio de la técnica ni la experiencia en el puede substituir a la capacidad creadora, no hay más frustrante que tener algo que expresar y no poseer los medios para hacerlo.
Primero el “horror vacuo” al blanco del papel y el estigma de “no manchar” podría paralizarnos. Pero deberíamos ser capaces de superarlo y buscar un lenguaje propio de manchas. Por si no ha quedado claro, iniciamos un nuevo proceso descartando el dibujo tradicional.
El objetivo de esta entrada no es tanto mostrar lo que se debe hacer, sino lo que se puede hacer. Aunque os parezca chocante picotearemos por su historia para aprender las posibilidades de un medio que si lo personalizas, tiene un efecto liberador y permite encontrar el propio estilo y expresar tus ideas con fuerza y confianza. Por tanto un medio agil y útil tanto para diseñadores como parta artistas o ilustradores. No hay que olvidar, sin embargo, que la técnica es sólo una HERRAMIENTA, como siempre digo, la marera de pintar nunca debe tener más importancia que lo que se pinta.


