Luz, volumen y textura (I).
Hablemos de las texturas. La textura se refiere a las características de una superficie, y toda superficie puede ser suave o rugosa, blanda o dura, brillante o desgastado…. Aunque una superficie plana o pintada no parezca tener textura alguna, en realidad cada capa de pintura es ya una textura. Una persona invidente reconoce muchas más sutilezas de texturas que una vidente porque las puede palpar. Lo más curioso es que incluso palpando una superficie sin mirar asociamos ciertas texturas a ciertos colores porque nuestro cerebro es asociativo. Por ejemplo una manta peluda de sillón la asociamos al rojo y la toalla de ruso al blanco o el frio acero inoxidable al color plata y el plástico u las texturas mórbidas …desconciertan.
Se me ocurre que lo más práctico será clasificarlas en dos categorías: texturas visuales y texturas táctiles.
Un trozo de piedra o de madera vieja podrá ser apreciada por su textura real y además nos puede aportar una riqueza inmensa de texturas visuales con tan solo dos dimensiones si aplicamos sobre la técnica de frotar con un carbón o ceras en barra.
Los valores expresivos por tanto del plano se potencian con las texturas convirtiéndose en recursos absolutamente propios. Yo como pintora mecanizo este aspecto con técnicas de aplicación (de pastas o abrasivos) o técnicas de extracción, de capados con fuente de calor o con abrasivos manuales o de aire comprimido (como los que se usan para limpiar fachadas de piedra). Lo que busco es una singularidad de la superficie, me refiero a una especial calidad del acabado de las superficies.
La textura comunica al plano (el cuadro) un atractivo visual intenso y muy expresivo, además hace que el plano adquiera una nueva dimensión en su peculiar lenguaje, lo cual hace que deseemos tocarlo. A esto se le llama “valor táctil” y aunque en principio parece mas propio de la superficie de esculturas, veréis como gracias a las texturas podemos gozar de un potenciado “wabi-sabi” (belleza marchita) y del potente atractivo visual o la sutil belleza de lo sencillo.
Para obtener texturas os comentaré un par de recursos, de los muchos que están a vuestro alcance. El primero es el monotipo: pintar manchas sobre una tela o superficie sin poro y plana, para a continuación transferir esas manchas sobre un papel u otra superficie, antes de que la pintura se seque (por ejemplo, de tela a tela).
Otro recurso es el barnizado, lo cual hace ganar valores texturales y transparentes bajo la presión de la misma técnica de “sandwich“.
No olvidar que las texturas reales las conseguimos a través de las conocidas técnicas de collage, como podéis apreciar en uno de mis cuadros.
Y finalmente señalar que el uso de las plantillas para la repetición de una misma figura puede ofrecernos uno de los aspectos de mayor atractivo óptico. Estas plantillas te las puedes coleccionar tu mismo con cartulina o plástico (mejor acetato transparente o translúcido), pintando sobre el espacio recortado bien con esponjas, pinceles de “pochoir” o incluso salpicando con “brushes“, cepillos de cerdas… que nos permitan el “driping” (véase Jackson Pollok, expresionismo americano).
Perdonad el uso de tantas palabras “guiris“, pero serán muy útiles si buscáis en SAN GOOGLE. Os deseo una investigación muy prolifera.






